De Lorenzo y José Luis Galán, ante la placa instalada frente a la Catedral.
Ch. N.
El peregrino que cumpla con El Salvador camino de Santiago no volverá a tropezar con las mismas piedras. Las rutas del Camino Jacobeo en la ciudad han mejorado, desde la semana pasada, su señalización, con la instalación de nuevos hitos informativos y un refuerzo a lo largo de todo el itinerario. No es poca cosa. La confluencia en la Catedral del Camino Primitivo y del de la Costa provocaba de forma habitual confusiones en los peregrinos. «Queriendo ir a Grado, aparecían en Llanera», admite José Luis Galán, Presidente de la Asociación Asturleonesa de Amigos del Camino de Santiago.
Ellos y el Ayuntamiento de Oviedo se han encargado de este refuerzo del itinerario, que ante la Catedral, a pocos metros de la primera marca (las tradicionales vieiras en el suelo) ha permitido colocar una gran placa con varias funciones. La primera es casi testimonial, recuerda que de allí, en el siglo IX, salió la primera peregrinación de Alfonso II. La otra, práctica, es la de señalar con dos flechas que el Camino Primitivo gira a pocos metros por la calle Schultz y que el de la Costa sigue por la calle del Águila.
Los primeros metros de ese itinerario del camino Primitivo, un tanto confuso, entre calles del casco viejo y luego por Covadonga, también se han reforzado con la instalación de nuevas conchas en el pavimento.
Lo mismo se ha hecho con el salto que el camino hace sobre la Losa, antes de dirigirse hacia la Argañosa y con el complicado discurrir que la vía tenía al llegar a la Florida. Allí, superada la pasarela sobre las vías de Feve, el camino original ha quedado alterado por un solar vallado. Las nuevas vieiras refuerzan el itinerario alternativo y, al otro extremo de la Florida, también mejoran la señalización para tomar el vial que conduce hacia San Lázaro de Paniceres.
«Ahora ya no hay pérdida», resume José Luis Galán, quien en pleno año xacobeo y con el Camino de Santiago como uno de los lemas de la candidatura ovetense a la capitalidad cultural europea de 2016 se felicita del éxito de Oviedo en estas rutas a Santiago.
El albergue de la ciudad, explica, ya está recibiendo una media de entre 20 y 30 peregrinos diarios. Ya se han superado los ochocientos peregrinos que han pasado por la ciudad y se espera que a lo largo de la próxima semana se llegue al peregrino número mil de 2010. La cifra, para hacerse una idea de la buena marcha de este año santo en la ciudad, se alcazaba, en años anteriores en julio o en agosto.
Al adelanto, pues, de un mes en la frecuencia de peregrinos se suma la actividad divulgativa que la Asociación Asturleonesa de Amigos del Camino de Santiago está realizando, con charlas en todos los centros sociales municipales y con las marchas por diversos tramos del camino con los usuarios de los distintos centros. www.joyasdelperegrino.com
Aquí podrás hacer tus pedidos sobre productos de Oro y Plata relacionados con el Camino de Santiago. www.joyasdelperegrino.com
domingo, 6 de junio de 2010
El Camino no es un maraton
No es justo. El Camino de Santiago no se puede hacer a modo de carrera para ver quién llega antes, sea como sea», manifestaba hace unos días una peregrina a su llegada a O Cebreiro. «Hay que hacerlo con un sentimiento especial, con un motivo concreto, sino no tiene sentido», añadía otra. Lo decían algo indignadas porque esa noche, en principio, no tenían un techo bajo el que dormir. «Hay mucha picaresca. Algunos, para coger sitio en el albergue, hacen tramos en coches de apoyo, incluso en taxi». Sus palabras son confirmadas de vez en cuando por otros testimonios: «Hay peregrinos que no viven el Camino, sino que están en una competición».
A la una de la tarde, como todos los albergues públicos gestionados por la Xunta de Galicia, abre también el de O Cebreiro. A esa hora, la fila de caminantes que esperan para coger sitio es ya de impresión. Incluso sobre las once y media de la mañana, ya hay quien hace guardia después de haber pasado por la iglesia para sellar su credencial.
Eso implica que, o han andado a velocidad de rayo, o no han andado del todo o, simplemente, se han levantado cuando todavía no había salido el sol. «A veces, estamos en los albergues y algunos salen ya a caminar sobre las cinco y pico de la madrugada», explica un peregrino. Los que parten más tarde entienden que no por ese motivo pueden ser criticados los primeros («cada uno se levanta cuando quiere»), pero no todos aceptan que muchos peregrinos hagan el Camino sin su mochila. «Se supone que vas con un peso, que es el tuyo propio, el que llevas en tu interior y el porqué de que seas peregrino, pero muchos se deshacen de ellas, las mandan en taxi, para así poder andar más rápido y acabar antes».
Sin tiempo para la reflexión
Con la duda en el cuerpo de si llegarán a tiempo o no para dormir a cubierto en el albergue o en los hostales, apurando el paso y condicionados muchos también por los días de vacaciones, es casi imposible, dicen otros, llegar a Compostela de la manera en que conviene peregrinar, es decir, dedicándole un tiempo a la reflexión con uno mismo. Se señala que la meta es el Apóstol, pero nunca en el sentido de que haya que llegar a él en un tiempo récord.
Al lado de los que así lo viven, por otra parte, hay caminantes que sí optan por abandonar el estrés de la vida diaria y vivir la aventura: «Yo disfruto lo que me va deparando cada día. Ando a mi ritmo, busco en mi interior y cuando llego a un sitio, me adapto a lo que quede», explicaba otra peregrina. Aunque eso conlleve, en muchos casos, salir casi que peor parados www.joyasdelperegrino.com
A la una de la tarde, como todos los albergues públicos gestionados por la Xunta de Galicia, abre también el de O Cebreiro. A esa hora, la fila de caminantes que esperan para coger sitio es ya de impresión. Incluso sobre las once y media de la mañana, ya hay quien hace guardia después de haber pasado por la iglesia para sellar su credencial.
Eso implica que, o han andado a velocidad de rayo, o no han andado del todo o, simplemente, se han levantado cuando todavía no había salido el sol. «A veces, estamos en los albergues y algunos salen ya a caminar sobre las cinco y pico de la madrugada», explica un peregrino. Los que parten más tarde entienden que no por ese motivo pueden ser criticados los primeros («cada uno se levanta cuando quiere»), pero no todos aceptan que muchos peregrinos hagan el Camino sin su mochila. «Se supone que vas con un peso, que es el tuyo propio, el que llevas en tu interior y el porqué de que seas peregrino, pero muchos se deshacen de ellas, las mandan en taxi, para así poder andar más rápido y acabar antes».
Sin tiempo para la reflexión
Con la duda en el cuerpo de si llegarán a tiempo o no para dormir a cubierto en el albergue o en los hostales, apurando el paso y condicionados muchos también por los días de vacaciones, es casi imposible, dicen otros, llegar a Compostela de la manera en que conviene peregrinar, es decir, dedicándole un tiempo a la reflexión con uno mismo. Se señala que la meta es el Apóstol, pero nunca en el sentido de que haya que llegar a él en un tiempo récord.
Al lado de los que así lo viven, por otra parte, hay caminantes que sí optan por abandonar el estrés de la vida diaria y vivir la aventura: «Yo disfruto lo que me va deparando cada día. Ando a mi ritmo, busco en mi interior y cuando llego a un sitio, me adapto a lo que quede», explicaba otra peregrina. Aunque eso conlleve, en muchos casos, salir casi que peor parados www.joyasdelperegrino.com
sábado, 5 de junio de 2010
La Nipona peregrina
Satoko Nakajima (Yokohama, 1970) tiene la cara morena. Antes de hacerse una foto, se aclara la piel con una buena capa de cosméticos para lucir la palidez que imponen los cánones de belleza nipones. El sol que ha seguido en todo su recorrido desde el naciente japonés al poniente gallego ha acabado por broncearle la piel, pero también por darle otro color a su vida. Se ha aficionado al Camino de Santiago, y repite una y otra vez.
La noticia en otros webs
webs en español
en otros idiomas
Esta profesora de español en Tokio promociona el Camino en su país
El Xacobeo tiene un equivalente japonés en la ruta de Kumano
Satoko dirigió la peregrinación con 15 jóvenes desde Astorga a Santiago
Para los japoneses es una "experiencia" porque les descubre el mundo rural
En esta ocasión, Satoko viene de hacer el maratón de los 101 Km Peregrinos, que recorre el Bierzo siguiendo el Camino de Invierno a Santiago. 21 horas y 55 minutos andando para cubrir la distancia en tierras leonesas y otras tantas para llegar a la salida desde Japón, esta vez en avión. "He hecho el viaje desde Yokohama sólo para esto", explica. No es la primera vez. Además de recorrer en varias ocasiones la Ruta Jacobea, Satoko viene a España con cierta regularidad para participar en maratones con un grupo de amigos de Murcia que conoció peregrinando.
Nakajima es profesora de español en la Universidad de Tokio, especialista en las migraciones en la Península en el siglo XVI. Para profundizar en este tema para su tesis doctoral, llegó a España en 1997 y se estableció en Madrid, donde tuvo su residencia hasta 2008. Precisamente, la investigación sobre los movimientos de población en la actualidad la empujó a hacer el Camino de Santiago por primera vez en 2006.
Acompañada por su padre, recorrió el Camino Francés desde Saint Jean Pied de Port. "Mi tramo preferido es de Carrión de los Condes a Calzadilla, una inmensa llanura, de esas que no tenemos en Japón". Llegó hasta Fisterra, el Ara Solis gallego, donde se pone el mismo sol que cada día sale en su Japón natal.
No sólo el vínculo celeste une el naciente con el poniente. En Japón tienen el equivalente a la Ruta Jacobea en el Camino de Kumano, una senda de peregrinación que ha ejercido una gran influencia sobre la espiritualidad cultural nipona. Por eso, como el de Santiago, el recorrido por la península de Kii fue declarado Patrimonio de la Humanidad. "Si tengo que compararlos, a favor del de Kumano pondré que no hay basura, y en su contra, que no hay albergues, no hay flechas amarillas que te guíen y no hay peregrinos", dice Satoko. El camino japonés es frecuentado por unos 20.000 peregrinos cada año, un número muy inferior a los aproximadamente 150.000 que recogieron su Compostelana en 2009.
La segunda vez que hizo el Camino fue por la entrada de Somport hasta Santiago. Recuerda que cerca de Monreal, en Navarra, llegó agotada a un pueblecito y se encontró con todos los establecimientos hosteleros cerrados. Preguntó a un vecino dónde podía comer y beber, y le indicó que debería continuar hasta otra población, a unos cinco kilómetros. "Llevaba un rato andando en esa dirección cuando se me acercó el vecino en coche, diciéndome que su esposa le había regañado y que me traía un buen bocadillo de chistorra y agua". "Eso es el Camino: convivencia y solidaridad", resume.
Esos mismos valores son los que trata de inculcar a los jóvenes japoneses promocionando en su país la Ruta Jacobea. En 2008, presentó una propuesta a la Xunta para ofrecer becas a estudiantes nipones que quisieran hacer el Camino de Santiago. La ayuda cubría el coste del vuelo y la matrícula en el curso que recibirían durante la peregrinación. "Yo quiero compartir todo esto con jóvenes de mi país, a los que les atrae la idea porque el español es el tercer idioma extranjero que se estudia en Japón, tras el chino y el inglés", explica. La iniciativa prosperó y Satoko dirigió la peregrinación con 15 jóvenes desde Astorga a Santiago. "Fue una gran experiencia para ellos descubrir esta ruta, que además les permitió acercarse al mundo rural, porque el turismo que hacen los japoneses normalmente sólo hace escala en las grandes ciudades", explica.
Satoko ve en el Camino una gran oportunidad para todos. Recuerda a una chica suiza con la que se encontró peregrinando que no tenía muy claro si abandonar o no los estudios: "La peregrinación le ayudó a tomar la decisión de seguir". "Por eso me gusta el Camino", afirma Satoko. "Por eso lo seguiré haciendo una y otra vez mientras el cuerpo aguante" www.joyasdelperegrino.com
La noticia en otros webs
webs en español
en otros idiomas
Esta profesora de español en Tokio promociona el Camino en su país
El Xacobeo tiene un equivalente japonés en la ruta de Kumano
Satoko dirigió la peregrinación con 15 jóvenes desde Astorga a Santiago
Para los japoneses es una "experiencia" porque les descubre el mundo rural
En esta ocasión, Satoko viene de hacer el maratón de los 101 Km Peregrinos, que recorre el Bierzo siguiendo el Camino de Invierno a Santiago. 21 horas y 55 minutos andando para cubrir la distancia en tierras leonesas y otras tantas para llegar a la salida desde Japón, esta vez en avión. "He hecho el viaje desde Yokohama sólo para esto", explica. No es la primera vez. Además de recorrer en varias ocasiones la Ruta Jacobea, Satoko viene a España con cierta regularidad para participar en maratones con un grupo de amigos de Murcia que conoció peregrinando.
Nakajima es profesora de español en la Universidad de Tokio, especialista en las migraciones en la Península en el siglo XVI. Para profundizar en este tema para su tesis doctoral, llegó a España en 1997 y se estableció en Madrid, donde tuvo su residencia hasta 2008. Precisamente, la investigación sobre los movimientos de población en la actualidad la empujó a hacer el Camino de Santiago por primera vez en 2006.
Acompañada por su padre, recorrió el Camino Francés desde Saint Jean Pied de Port. "Mi tramo preferido es de Carrión de los Condes a Calzadilla, una inmensa llanura, de esas que no tenemos en Japón". Llegó hasta Fisterra, el Ara Solis gallego, donde se pone el mismo sol que cada día sale en su Japón natal.
No sólo el vínculo celeste une el naciente con el poniente. En Japón tienen el equivalente a la Ruta Jacobea en el Camino de Kumano, una senda de peregrinación que ha ejercido una gran influencia sobre la espiritualidad cultural nipona. Por eso, como el de Santiago, el recorrido por la península de Kii fue declarado Patrimonio de la Humanidad. "Si tengo que compararlos, a favor del de Kumano pondré que no hay basura, y en su contra, que no hay albergues, no hay flechas amarillas que te guíen y no hay peregrinos", dice Satoko. El camino japonés es frecuentado por unos 20.000 peregrinos cada año, un número muy inferior a los aproximadamente 150.000 que recogieron su Compostelana en 2009.
La segunda vez que hizo el Camino fue por la entrada de Somport hasta Santiago. Recuerda que cerca de Monreal, en Navarra, llegó agotada a un pueblecito y se encontró con todos los establecimientos hosteleros cerrados. Preguntó a un vecino dónde podía comer y beber, y le indicó que debería continuar hasta otra población, a unos cinco kilómetros. "Llevaba un rato andando en esa dirección cuando se me acercó el vecino en coche, diciéndome que su esposa le había regañado y que me traía un buen bocadillo de chistorra y agua". "Eso es el Camino: convivencia y solidaridad", resume.
Esos mismos valores son los que trata de inculcar a los jóvenes japoneses promocionando en su país la Ruta Jacobea. En 2008, presentó una propuesta a la Xunta para ofrecer becas a estudiantes nipones que quisieran hacer el Camino de Santiago. La ayuda cubría el coste del vuelo y la matrícula en el curso que recibirían durante la peregrinación. "Yo quiero compartir todo esto con jóvenes de mi país, a los que les atrae la idea porque el español es el tercer idioma extranjero que se estudia en Japón, tras el chino y el inglés", explica. La iniciativa prosperó y Satoko dirigió la peregrinación con 15 jóvenes desde Astorga a Santiago. "Fue una gran experiencia para ellos descubrir esta ruta, que además les permitió acercarse al mundo rural, porque el turismo que hacen los japoneses normalmente sólo hace escala en las grandes ciudades", explica.
Satoko ve en el Camino una gran oportunidad para todos. Recuerda a una chica suiza con la que se encontró peregrinando que no tenía muy claro si abandonar o no los estudios: "La peregrinación le ayudó a tomar la decisión de seguir". "Por eso me gusta el Camino", afirma Satoko. "Por eso lo seguiré haciendo una y otra vez mientras el cuerpo aguante" www.joyasdelperegrino.com
martes, 1 de junio de 2010
Bici vestida de moto
Es la octava vez que hago el Camino de Santiago y será posiblemente la última», asegura José Luis Lago, de Tarragona. «Ya estoy algo cansado de cargar con mi compañera», añade. Quien lo escuche pensará que lleva a su lado a alguien del sexo femenino con la que ha discutido y está enfadado. Pero no. Lago habla de su impresionante y llamativa bicicleta. Pese a no ser muy voluptuosa, sí es exuberante a más no poder y por eso la van fotografiando allá por donde pasa. Si lo normal para un vehículo de este tipo son los tres kilos, más o menos, la suya pesa unos 50. No ha engordado por engullir la buena comida del Camino sino debido a los numerosos objetos que su dueño le ha puesto encima. Tal y como está, semeja ser una bicicleta vestida de motocicleta, algo así como un híbrido, «pero realmente no tiene motor», especifica José Luis. Banderas, carteras de cuero, el 46 de Valentino Rossi al frente, luces por todos los lados, muñecos y un largo etcétera. No es tunear, es afición.
Va sobre ella cuando puede y la empuja cuando lo ha de hacer, lo mínimo si se tiene en cuenta que este velocípedo ha sostenido al tarraconense durante sus viajes a Santiago en los años 1996, 1997, 1998, 1999, 2000, 2001, 2004 y 2010, siete de ellos desde Roncesvalles y este último desde su casa. Lago tiene 43 primaveras y hace el Camino «por enriquecimiento interior, por ser algo diferente a la vida real». Lo de la decoración de la bicicleta le viene de pequeño. Su particular compañera llegó a sus manos en 1994 y la preparó al año siguiente. La considera una especie de amuleto y en ella hay sitio también para su «santuario particular»: imágenes de Jesús, la Virgen María, un rosario, Santiago Apóstol... Forma ya parte de su personalidad y no duda en afirmar que la quiere mucho por haberle dado algunos de los mejores años de su vida. Como peregrino, sin duda alguna.
Los dos lo viven por igual
Por O Cebreiro han pasado algunos caminantes que llevan de acompañantes, por ejemplo, a sus animales, para los que incluso sellan una credencial particular. En el caso de esta bicicleta no es del todo así, pero José Luis afirma que no solo él esta haciendo el Camino, sino también «ella». Pero, como en todo, los años van pasando y ahora tiene previsto colgarla. Como trofeo, como recuerdo presente de lo vivido. «Estoy muy orgulloso de mi bici», admite. El Camino hecho de esta manera, dice, no se puede explicar, pero tiene clara una cosa: «Cuando vuelves a la vida cotidiana, te das cuenta de lo que has dejado». Tanto es así que, ahora que José Luis colgará los hábitos de la peregrinación, tiene previsto dejar su ciudad y, si puede ser, mudarse «a un pueblecito con paso de peregrinos». Se plantea también el trabajar una temporada como voluntario.
Este año llegará « algo vacío»
La suya es experiencia en el Camino y, este año, por todo un poco, llegará algo vacío emocionalmente. «A las cosas se les puede dar una publicidad, pero siempre respetando unos principios», reflexiona. A lo largo de su trayecto ha visto, más que peregrinos, turistas y excursionistas y opina que, a su llegada a Santiago, casi se les da más preferencia a estos últimos. No concibe hacer el Camino sin peso ni motivación, así que, de momento y a partir de ahora, él y su compañera se quedarán en casa. wwwjoyasdelperegrino.com
Va sobre ella cuando puede y la empuja cuando lo ha de hacer, lo mínimo si se tiene en cuenta que este velocípedo ha sostenido al tarraconense durante sus viajes a Santiago en los años 1996, 1997, 1998, 1999, 2000, 2001, 2004 y 2010, siete de ellos desde Roncesvalles y este último desde su casa. Lago tiene 43 primaveras y hace el Camino «por enriquecimiento interior, por ser algo diferente a la vida real». Lo de la decoración de la bicicleta le viene de pequeño. Su particular compañera llegó a sus manos en 1994 y la preparó al año siguiente. La considera una especie de amuleto y en ella hay sitio también para su «santuario particular»: imágenes de Jesús, la Virgen María, un rosario, Santiago Apóstol... Forma ya parte de su personalidad y no duda en afirmar que la quiere mucho por haberle dado algunos de los mejores años de su vida. Como peregrino, sin duda alguna.
Los dos lo viven por igual
Por O Cebreiro han pasado algunos caminantes que llevan de acompañantes, por ejemplo, a sus animales, para los que incluso sellan una credencial particular. En el caso de esta bicicleta no es del todo así, pero José Luis afirma que no solo él esta haciendo el Camino, sino también «ella». Pero, como en todo, los años van pasando y ahora tiene previsto colgarla. Como trofeo, como recuerdo presente de lo vivido. «Estoy muy orgulloso de mi bici», admite. El Camino hecho de esta manera, dice, no se puede explicar, pero tiene clara una cosa: «Cuando vuelves a la vida cotidiana, te das cuenta de lo que has dejado». Tanto es así que, ahora que José Luis colgará los hábitos de la peregrinación, tiene previsto dejar su ciudad y, si puede ser, mudarse «a un pueblecito con paso de peregrinos». Se plantea también el trabajar una temporada como voluntario.
Este año llegará « algo vacío»
La suya es experiencia en el Camino y, este año, por todo un poco, llegará algo vacío emocionalmente. «A las cosas se les puede dar una publicidad, pero siempre respetando unos principios», reflexiona. A lo largo de su trayecto ha visto, más que peregrinos, turistas y excursionistas y opina que, a su llegada a Santiago, casi se les da más preferencia a estos últimos. No concibe hacer el Camino sin peso ni motivación, así que, de momento y a partir de ahora, él y su compañera se quedarán en casa. wwwjoyasdelperegrino.com
domingo, 30 de mayo de 2010
La meta mas esperada
Ante la imponente silueta de la catedral cesan los pasos del peregrino. Y la imaginación se pierde recordando un recorrido que será imposible olvidar. Cultura, arte y arquitectura se dan cita en un ecléctico contraste de milenios.
Camelias, azaleas, magnolios, rododendros, robles, eucaliptos… son las fragancias que arrastra la brisa que peregrina a Santiago cada día desde el mar, a 30 kilómetros de la ciudad compostelana, y oculto tras suaves montañas azules que conforman el horizonte que ve el viajero si sube hasta las cubiertas de la catedral. Una visita de altura que merece la pena reservar antes de emprender el viaje.
Nada más pisar las tierras que rodean Santiago, después de un largo pero inolvidable camino, se respira ese aire salado, igual que los valores de mil años de peregrinaje que se han ido grabando en el corazón de los que la habitan: hospitalidad, amabilidad, amistad, intercambio de ideas y tolerancia. Siglos de historia, cultura, arte y leyendas –eso sí, muchas y bonitas leyendas– se entremezclan en esta comarca con la discreta pero constante presencia de la naturaleza. Casi un museo botánico.
Junto a ello, el gran valor del centro de Santiago de Compostela no sólo se refleja en el arte y la historia que brota y sorprende al viajero –como su gastronomía– a cada vuelta de esquina, en cada plaza, en cada «rúa», a cada paso del final del Camino, sino también en su abrumadora multiculturalidad. Distintas razas, cientos de nacionalidades y religiones de todo tipo se ponen de acuerdo para caminar hasta llegar a una ciudad mágica, alegre también por su carácter universitario. Se dan cita a las puertas de la catedral, en el «kilómetro cero», donde entre bromas compartidas por haber llegado, por fin, se tumban sobre el suelo empedrado para ver cómo las torres se estiran para alcanzar el cielo, y parece que uno llega a lograrlo con ellas. Todo ello, sabiamente asumido por las autoridades religiosas que forman parte de la vida de la ciudad.
Da la impresión, cuando se visita, que Santiago y su Camino son algo más que religión. Es espiritualidad; renovación; un viaje con un antes y un después. Y se nota en la mirada de los peregrinos que se encuentra el viajero, pies cansados y ropa desgastada, pero una mirada nueva, más brillante a cada paso, con más ganas según se acerca, caminando, con la sonrisa colgada, un día sí y otro también, acompañado por milenarios eucaliptos traídos de Australia y entre bosques autóctonos de robles, árbol místico que para los celtas significaba fortaleza y perdurabilidad. La fe y las promesas mueven peregrinos. «¡Buen camino!», dicen cuando nos adelantan.
Santiago ha crecido por y para ellos. Una ciudad que siempre supo adaptarse a las circunstancias de los que llegaban. Los peregrinos contribuyeron a su florecimiento como urbe, desde las conchas de vieiras que compraban a las puertas de la muralla hasta la industria de curtidos, pasando por su antiguo hospital –fundado por los Reyes Católicos y ahora Parador–, su Facultad de Medicina y todos los talleres de joyas de azabache que albergaron los muros de la localidad. Alrededor de cien llegó a tener, y era un recuerdo profano que para volver a casa con suerte y despistar a las «meigas» –si las hubiera– se llevaba el peregrino.
Mirando al futuro
Y, como entonces, Santiago quiere seguir sorprendiendo al visitante e innovar su oferta cultural sobre la base del eclecticismo y la modernidad. En el monte Gaias, a dos kilómetros, se construye la Ciudad de la Cultura, con una superficie prevista de 141.000 metros cuadrados. Es un proyecto del arquitecto americano Peter Eisenman. Se ha inspirado en la típica concha y en las calles del centro de la ciudad. En su seno está previsto un Centro de la Música y las Artes Escénicas y un Centro de Arte Internacional, entre otros. Desde los montes que rodean la ciudad ya se pueden ver las obras y la característica pendiente de 60 grados que tendrá la cubierta de uno de los edificios. Magnífico contraste de milenios con las torres de la catedral y su imponente omnipresencia.
Mientras tanto, si el visitante gusta del arte de nuestros tiempos puede ver el Centro Gallego de Arte Contemporáneo, del arquitecto Álvaro Osiza, extramuros, pero próximo a pie. Los lugareños sueñan con un proyecto de Norman Foster para construir una gran torre de telecomunicaciones desde donde ver el mar, lo único que le falta a Santiago. Y el AVE... Aunque, por ahora, para volver a casa, el tren-hotel de Renfe no defrauda.
Un destino de Iberia
>> Cómo llegar. El Grupo Iberia ofrece hasta cinco vuelos directos al día a Santiago de Compostela desde Madrid, y también vuelos sin escalas desde otras ciudades españolas: Bilbao, Sevilla y Valencia. Asimismo, Iberia ofrece vuelos, vía la capital española, desde el resto de los destinos de su red. Recuerde que puede descargarse la tarjeta de embarque en el móvil o PDA; así puede ir directamente a la puerta de embarque.
>> Ofertas. Con Iberia puede volar a Santiago desde sólo 59 euros ida y vuelta, todo incluido. O si lo prefiere, vaya de sábado desde 32 euros por trayecto (plazas sujetas a disponibilidad). Más información sobre condiciones de ésta y otras ofertas, vuelos y tarifas en iberia.com, donde se encuentran siempre los mejores precios, Serviberia (902 400 500), oficinas de Iberia y agencias de viaje.
>> Más información. En www.xacobeo.es y se pueden resolver todas las dudas sobre la credencial del peregrino, etapas y albergues. www.joyasdelperegrino.com
Camelias, azaleas, magnolios, rododendros, robles, eucaliptos… son las fragancias que arrastra la brisa que peregrina a Santiago cada día desde el mar, a 30 kilómetros de la ciudad compostelana, y oculto tras suaves montañas azules que conforman el horizonte que ve el viajero si sube hasta las cubiertas de la catedral. Una visita de altura que merece la pena reservar antes de emprender el viaje.
Nada más pisar las tierras que rodean Santiago, después de un largo pero inolvidable camino, se respira ese aire salado, igual que los valores de mil años de peregrinaje que se han ido grabando en el corazón de los que la habitan: hospitalidad, amabilidad, amistad, intercambio de ideas y tolerancia. Siglos de historia, cultura, arte y leyendas –eso sí, muchas y bonitas leyendas– se entremezclan en esta comarca con la discreta pero constante presencia de la naturaleza. Casi un museo botánico.
Junto a ello, el gran valor del centro de Santiago de Compostela no sólo se refleja en el arte y la historia que brota y sorprende al viajero –como su gastronomía– a cada vuelta de esquina, en cada plaza, en cada «rúa», a cada paso del final del Camino, sino también en su abrumadora multiculturalidad. Distintas razas, cientos de nacionalidades y religiones de todo tipo se ponen de acuerdo para caminar hasta llegar a una ciudad mágica, alegre también por su carácter universitario. Se dan cita a las puertas de la catedral, en el «kilómetro cero», donde entre bromas compartidas por haber llegado, por fin, se tumban sobre el suelo empedrado para ver cómo las torres se estiran para alcanzar el cielo, y parece que uno llega a lograrlo con ellas. Todo ello, sabiamente asumido por las autoridades religiosas que forman parte de la vida de la ciudad.
Da la impresión, cuando se visita, que Santiago y su Camino son algo más que religión. Es espiritualidad; renovación; un viaje con un antes y un después. Y se nota en la mirada de los peregrinos que se encuentra el viajero, pies cansados y ropa desgastada, pero una mirada nueva, más brillante a cada paso, con más ganas según se acerca, caminando, con la sonrisa colgada, un día sí y otro también, acompañado por milenarios eucaliptos traídos de Australia y entre bosques autóctonos de robles, árbol místico que para los celtas significaba fortaleza y perdurabilidad. La fe y las promesas mueven peregrinos. «¡Buen camino!», dicen cuando nos adelantan.
Santiago ha crecido por y para ellos. Una ciudad que siempre supo adaptarse a las circunstancias de los que llegaban. Los peregrinos contribuyeron a su florecimiento como urbe, desde las conchas de vieiras que compraban a las puertas de la muralla hasta la industria de curtidos, pasando por su antiguo hospital –fundado por los Reyes Católicos y ahora Parador–, su Facultad de Medicina y todos los talleres de joyas de azabache que albergaron los muros de la localidad. Alrededor de cien llegó a tener, y era un recuerdo profano que para volver a casa con suerte y despistar a las «meigas» –si las hubiera– se llevaba el peregrino.
Mirando al futuro
Y, como entonces, Santiago quiere seguir sorprendiendo al visitante e innovar su oferta cultural sobre la base del eclecticismo y la modernidad. En el monte Gaias, a dos kilómetros, se construye la Ciudad de la Cultura, con una superficie prevista de 141.000 metros cuadrados. Es un proyecto del arquitecto americano Peter Eisenman. Se ha inspirado en la típica concha y en las calles del centro de la ciudad. En su seno está previsto un Centro de la Música y las Artes Escénicas y un Centro de Arte Internacional, entre otros. Desde los montes que rodean la ciudad ya se pueden ver las obras y la característica pendiente de 60 grados que tendrá la cubierta de uno de los edificios. Magnífico contraste de milenios con las torres de la catedral y su imponente omnipresencia.
Mientras tanto, si el visitante gusta del arte de nuestros tiempos puede ver el Centro Gallego de Arte Contemporáneo, del arquitecto Álvaro Osiza, extramuros, pero próximo a pie. Los lugareños sueñan con un proyecto de Norman Foster para construir una gran torre de telecomunicaciones desde donde ver el mar, lo único que le falta a Santiago. Y el AVE... Aunque, por ahora, para volver a casa, el tren-hotel de Renfe no defrauda.
Un destino de Iberia
>> Cómo llegar. El Grupo Iberia ofrece hasta cinco vuelos directos al día a Santiago de Compostela desde Madrid, y también vuelos sin escalas desde otras ciudades españolas: Bilbao, Sevilla y Valencia. Asimismo, Iberia ofrece vuelos, vía la capital española, desde el resto de los destinos de su red. Recuerde que puede descargarse la tarjeta de embarque en el móvil o PDA; así puede ir directamente a la puerta de embarque.
>> Ofertas. Con Iberia puede volar a Santiago desde sólo 59 euros ida y vuelta, todo incluido. O si lo prefiere, vaya de sábado desde 32 euros por trayecto (plazas sujetas a disponibilidad). Más información sobre condiciones de ésta y otras ofertas, vuelos y tarifas en iberia.com, donde se encuentran siempre los mejores precios, Serviberia (902 400 500), oficinas de Iberia y agencias de viaje.
>> Más información. En www.xacobeo.es y se pueden resolver todas las dudas sobre la credencial del peregrino, etapas y albergues. www.joyasdelperegrino.com
viernes, 28 de mayo de 2010
El guardaspaldas
LLEVA más de cinco años guardando las espaldas, desde marzo a octubre, a un pelotón de ciclistas, en cada una de sus marchas, al volante de una furgoneta. Sin embargo, la relación de Joaquín Jaurrieta Ibar, de 75 años, con Unión Ciclista Navarra se remonta a más de cuarenta años atrás, cuando él también pedaleaba. "El ciclismo siempre me ha gustado. Comencé a andar a los 16 años y todavía lo sigo haciendo", apunta.
El salto de las dos ruedas a las cuatro lo dio al disponer de menos tiempo para entrenar. "Mi mujer cayó enferma y tenía menos tiempo para entrenar. Por eso, decidí coger el volante de la furgoneta para acompañarles", señala. Cuando explica su tarea cada domingo o marcha ciclista destaca su papel de "guardaespaldas". "Un pelotón de unos treinta o cuarenta ciclistas circula mucho más seguro si va un coche detrás guardándole las espaldas. Esa es mi principal función", asegura orgulloso Joaquín Jaurrieta, nacido en Cizur Menor y vecino de Pamplona.
Aunque muy importante, sus tareas dominicales no terminan ahí. "Si alguien pincha, le ayudo a arreglar la bicicleta. En días de calor, si necesitan agua, se la ofrezco. Si se avería alguna bicicleta y el ciclista no puede continuar, pues se monta en la furgoneta, o si le da alguna pájara y no puede seguir, pues también. La furgoneta, una Ford, que pertenece al club, está equipada de tal forma que se pueden viajar los ciclistas y las bicicletas en la parte de atrás", señala.
"Siempre puntual"
La sección cicloturista de Unión Ciclista Navarra, entidad que cuenta con unos cien socios, cuenta con un calendario de salidas que se prolonga desde marzo a octubre (del 7 de marzo al 10 de octubre). Este año serán 33 salidas y todas ellas bajo la vigilancia de Joaquín Jaurrieta. "Siempre está a la hora, llueva o no, Joaquín siempre aparece puntual", señalan sus compañeros de pelotón. Por ello, el pasado 1 de mayo, jornada en la que este pelotón realiza una de sus salidas más largas en kilometraje, vivió una muestra de agradecimiento.
"Me engañaron. Normalmente en las salidas los cicloturistas paran para comer algo y me suelo quedar en la calle para guardar las bicicletas. Ese día me insistieron tanto para que entrara que lo hice", cuenta. Entonces, recibió un regalo: ropa de ciclismo (invierno y verano) y un pulsómetro-cuentakilómetros para afrontar su próximo reto. "A finales del mes de junio, quiero ir a Santiago en bicicleta. Este mes se cumplen 28 años de la primera vez que hice el Camino en bici. Tenemos la intención de recorrer unos 130 kilómetros al día, para llegar en cinco o seis jornadas. La salida que toque tendré que dejar a alguien", indica.
Su currículum sobre las dos ruedas no termina en el Camino de Santiago. "He ido tres veces a Roma, dos en bicicleta y una en moto. La primera vez cuando tenía cincuenta años, repetí a los 60 y ya con 70 fui en moto. También he andado por los Dolomitas, Pirineos, Apeninos, e incluso me trasladé a Lisboa", dice. Joaquín Jaurrieta se muestra muy agradecido por el reconocimiento que recibió de sus compañeros y asegura que mientras pueda continuará. "Ahora lo haré con más motivo, siempre que me admitan...", bromea. www.joyasdelperegrino.com
El salto de las dos ruedas a las cuatro lo dio al disponer de menos tiempo para entrenar. "Mi mujer cayó enferma y tenía menos tiempo para entrenar. Por eso, decidí coger el volante de la furgoneta para acompañarles", señala. Cuando explica su tarea cada domingo o marcha ciclista destaca su papel de "guardaespaldas". "Un pelotón de unos treinta o cuarenta ciclistas circula mucho más seguro si va un coche detrás guardándole las espaldas. Esa es mi principal función", asegura orgulloso Joaquín Jaurrieta, nacido en Cizur Menor y vecino de Pamplona.
Aunque muy importante, sus tareas dominicales no terminan ahí. "Si alguien pincha, le ayudo a arreglar la bicicleta. En días de calor, si necesitan agua, se la ofrezco. Si se avería alguna bicicleta y el ciclista no puede continuar, pues se monta en la furgoneta, o si le da alguna pájara y no puede seguir, pues también. La furgoneta, una Ford, que pertenece al club, está equipada de tal forma que se pueden viajar los ciclistas y las bicicletas en la parte de atrás", señala.
"Siempre puntual"
La sección cicloturista de Unión Ciclista Navarra, entidad que cuenta con unos cien socios, cuenta con un calendario de salidas que se prolonga desde marzo a octubre (del 7 de marzo al 10 de octubre). Este año serán 33 salidas y todas ellas bajo la vigilancia de Joaquín Jaurrieta. "Siempre está a la hora, llueva o no, Joaquín siempre aparece puntual", señalan sus compañeros de pelotón. Por ello, el pasado 1 de mayo, jornada en la que este pelotón realiza una de sus salidas más largas en kilometraje, vivió una muestra de agradecimiento.
"Me engañaron. Normalmente en las salidas los cicloturistas paran para comer algo y me suelo quedar en la calle para guardar las bicicletas. Ese día me insistieron tanto para que entrara que lo hice", cuenta. Entonces, recibió un regalo: ropa de ciclismo (invierno y verano) y un pulsómetro-cuentakilómetros para afrontar su próximo reto. "A finales del mes de junio, quiero ir a Santiago en bicicleta. Este mes se cumplen 28 años de la primera vez que hice el Camino en bici. Tenemos la intención de recorrer unos 130 kilómetros al día, para llegar en cinco o seis jornadas. La salida que toque tendré que dejar a alguien", indica.
Su currículum sobre las dos ruedas no termina en el Camino de Santiago. "He ido tres veces a Roma, dos en bicicleta y una en moto. La primera vez cuando tenía cincuenta años, repetí a los 60 y ya con 70 fui en moto. También he andado por los Dolomitas, Pirineos, Apeninos, e incluso me trasladé a Lisboa", dice. Joaquín Jaurrieta se muestra muy agradecido por el reconocimiento que recibió de sus compañeros y asegura que mientras pueda continuará. "Ahora lo haré con más motivo, siempre que me admitan...", bromea. www.joyasdelperegrino.com
martes, 25 de mayo de 2010
El Camino a base de abrazos
Se aproximó a la iglesia de Santa María do Cebreiro cuando ya se acercaba el mediodía. Llevaba una amplia sonrisa, una mochila a su espalda y el agradecimiento eterno en las manos. Exhibió su acento al pedir que se le sellase su credencial. Solo su macuto la diferenciaba un tanto, externa y aparentemente, de los demás peregrinos. Sobre él, una bandera azul y blanca con el nombre de Rosario inscrito. No era el suyo (Adriana Pardal), sino el de su ciudad natal, situada en la provincia de Santa Fe (Argentina).
Desde 1981 vive en Barcelona. Es dicharachera, muy cariñosa y tiene una voz envolvente, algo fantástico para el trabajo que desempeñó durante mucho tiempo: locutora de radio. Salió el 12 de mayo de León y le echó muchas ganas al Camino de Santiago. Admite que, para hacerlo, le han influido «todos los motivos juntos», algo así como «una experiencia espiritual, una prueba de fortaleza física, de convivencia y, sobre todo, un buceo en el interior de uno mismo».
Un cartel inquisidor
Las palabras van saliendo a trote con Adriana, hasta que ella dice: «Ay, mira, llevo un cartel». Lo extrae de su mochila, sin reprimir una sonrisa. El letrero, plastificado, reza: «Necesito un abrazo para poder seguir». No lo lleva así escondido (de ese modo no tendría sentido la cosa), sino que, «cada mañana, cuando nos levantamos y ya nos vamos a ir todos los peregrinos del albergue, lo cuelgo en mi litera». La petición es bien recibida y Pardal afirma, sin dudarlo, que es la peregrina que más abrazos internacionales ha recibido a lo largo del Camino de Santiago.
Obtiene el cariño de todo el mundo (desde Argentina se lo mandan virtualmente a través de su Facebook) y, aunque aparentemente marcha sola, no es exactamente así: «Es un decir, porque me acompañan la naturaleza, los propios peregrinos y, sobre todo, la fe». Adriana es un cajón de sorpresas: además de la bandera que marca su identidad, el botellín de agua que lleva colgado de su petate deja bien claras sus preferencias futbolísticas: «Soy del Barça y no solo eso, sino que Messi es también de mi misma ciudad, Rosario».
Operada de dos tumores
Ella hace del optimismo y del humor su filosofía de vida. Como apoyo lleva una fotografía de su hijo, (Zeus, 22 años), y «varias virgencitas». A sus 55 años ha sido operada ya de dos cánceres: uno de mama y otro linfático. «Afortunadamente, estoy bien, cargada de energía positiva». Recarga las pilas con la atención y la amabilidad de la gente que se va encontrando a medida que anda y con lo «inexplicable» del Camino. «Me he emocionado más de una vez», reconoce. Podría repetirlo y, de hecho, quiere completar la etapa Roncesvalles-León. Echa de menos los medios de comunicación, pero se congratula por tener muchas otras cosas. «Ahora estoy en paro, trabajo en lo que vaya saliendo, tengo un buen currículo, pero a mi edad es algo difícil». Sin embargo, se consuela, «la vida es un dar y tomar». Las circunstancias le han ido expropiando algunas cosas, pero el tiempo le ha ido proporcionando otras. «No hay título que valga, es el viajar lo que te abre la mente, son los mejores estudios que puedes tener».
Le hacen ilusión las pequeñas cosas y así lo manifiesta cuando, ya aseada y con litera en el albergue, exhibe su gran sonrisa ante la cámara. Apuesta por lo sencillo y, sobre todo, por dar las gracias por lo que uno tiene. Y más en el Camino. «Yo siempre digo que el peregrino no debe exigir nunca, sino agradecer». Solo tiene buenas palabras para el trato a lo largo de todos los kilómetros que han hecho sus pies. Se ha encontrado con gente de todos los países (es una de las características esenciales que todos los caminantes señalan) y esos múltiples achuchones internacionales le han permitido ir percibiendo una frase universal en todos los idiomas: «Da igual la lengua que hables, todo los peregrinos entienden una cosa: ''Buen camino''».
Pardal afirma que las cosas pasan por algo y que todo tiene su justificación. Con ella, la conversación termina, como no, con lo que viene pidiendo: «Y dame un abrazo, por favor». www.joyasdelperegrino.com
Desde 1981 vive en Barcelona. Es dicharachera, muy cariñosa y tiene una voz envolvente, algo fantástico para el trabajo que desempeñó durante mucho tiempo: locutora de radio. Salió el 12 de mayo de León y le echó muchas ganas al Camino de Santiago. Admite que, para hacerlo, le han influido «todos los motivos juntos», algo así como «una experiencia espiritual, una prueba de fortaleza física, de convivencia y, sobre todo, un buceo en el interior de uno mismo».
Un cartel inquisidor
Las palabras van saliendo a trote con Adriana, hasta que ella dice: «Ay, mira, llevo un cartel». Lo extrae de su mochila, sin reprimir una sonrisa. El letrero, plastificado, reza: «Necesito un abrazo para poder seguir». No lo lleva así escondido (de ese modo no tendría sentido la cosa), sino que, «cada mañana, cuando nos levantamos y ya nos vamos a ir todos los peregrinos del albergue, lo cuelgo en mi litera». La petición es bien recibida y Pardal afirma, sin dudarlo, que es la peregrina que más abrazos internacionales ha recibido a lo largo del Camino de Santiago.
Obtiene el cariño de todo el mundo (desde Argentina se lo mandan virtualmente a través de su Facebook) y, aunque aparentemente marcha sola, no es exactamente así: «Es un decir, porque me acompañan la naturaleza, los propios peregrinos y, sobre todo, la fe». Adriana es un cajón de sorpresas: además de la bandera que marca su identidad, el botellín de agua que lleva colgado de su petate deja bien claras sus preferencias futbolísticas: «Soy del Barça y no solo eso, sino que Messi es también de mi misma ciudad, Rosario».
Operada de dos tumores
Ella hace del optimismo y del humor su filosofía de vida. Como apoyo lleva una fotografía de su hijo, (Zeus, 22 años), y «varias virgencitas». A sus 55 años ha sido operada ya de dos cánceres: uno de mama y otro linfático. «Afortunadamente, estoy bien, cargada de energía positiva». Recarga las pilas con la atención y la amabilidad de la gente que se va encontrando a medida que anda y con lo «inexplicable» del Camino. «Me he emocionado más de una vez», reconoce. Podría repetirlo y, de hecho, quiere completar la etapa Roncesvalles-León. Echa de menos los medios de comunicación, pero se congratula por tener muchas otras cosas. «Ahora estoy en paro, trabajo en lo que vaya saliendo, tengo un buen currículo, pero a mi edad es algo difícil». Sin embargo, se consuela, «la vida es un dar y tomar». Las circunstancias le han ido expropiando algunas cosas, pero el tiempo le ha ido proporcionando otras. «No hay título que valga, es el viajar lo que te abre la mente, son los mejores estudios que puedes tener».
Le hacen ilusión las pequeñas cosas y así lo manifiesta cuando, ya aseada y con litera en el albergue, exhibe su gran sonrisa ante la cámara. Apuesta por lo sencillo y, sobre todo, por dar las gracias por lo que uno tiene. Y más en el Camino. «Yo siempre digo que el peregrino no debe exigir nunca, sino agradecer». Solo tiene buenas palabras para el trato a lo largo de todos los kilómetros que han hecho sus pies. Se ha encontrado con gente de todos los países (es una de las características esenciales que todos los caminantes señalan) y esos múltiples achuchones internacionales le han permitido ir percibiendo una frase universal en todos los idiomas: «Da igual la lengua que hables, todo los peregrinos entienden una cosa: ''Buen camino''».
Pardal afirma que las cosas pasan por algo y que todo tiene su justificación. Con ella, la conversación termina, como no, con lo que viene pidiendo: «Y dame un abrazo, por favor». www.joyasdelperegrino.com
Suscribirse a:
Entradas (Atom)